Por: Adonay Tercero.
Sí, soy Israel, soy divino, y soy el pueblo elegido del dios gringo. Y puedo hacer lo que me venga en gana: puedo invadir el Líbano y asesinar más de mil y luego quitarle, robarle parte de su territorio sin temor a que algo malo me pase.
Puedo enviar todos mis tanques, mis helicópteros y mis divinos soldados contra esos pobres desprotegidos de Gaza para que los masacren y los quemen con ‘fósforos blanco’, incluyendo a cientos de indefensos niños, mujeres y ancianos. Y después, abrir una fosa y tirar sus cadáveres uno encima del otro. Y si necesito órganos para mis distinguidos hijos, se los arranco a esos antes de enterrarlos. Y nadie se atreve a denunciarme ni castigarme porque soy el pueblo elegido del dios gringo.
Y por eso cada vez que uno de ahí de Gaza molesta o hiere a cualquiera de mis sagrados soldados, en la madrugada le envío mis divinos guerreros, mis tanques y mis perros entrenados en la casa de mi dios protector. Mis bravos soldados tienen ordenes de nunca tocar la puerta de ese bandido guerrillero. Por esta razón siempre la derriban con explosivos para que los niños y los viejos se mueran del susto y griten. Entonces les lanzan los perros para que su presencia provoque que se orinen todos de miedo. Y aunque el buscado salga con las manos en alto, hay que acribillarlo delante de sus hijos, esposa y padres, para que escarmienten.
Y les ratifico que el bloqueo a los pobres de Gaza es eterno. Juro ante mi dios que nadie sobre este planeta me va obligar a levantarlo. No me importa que se mueran de hambre; que no tengan agua ni medicinas o que los recien nacidos se mueran por millares.
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